UNA TARDE DE OCTUBRE
UNA TARDE DE OCTUBRE
Hace sol, una curva en la carretera,
nos adentra en las entrañas mismas
de la tierra y del recuerdo.
La tierra se muestra árida y cobriza,
y el recuerdo tenue como unas
inciertas ondas de sentimiento
envueltas en el aire.
El silencio, a veces acompañado
con el sonido del gorgojeo inquieto
de un colibrí en la distancia,
en la espesura de una
bruma de nubes blancas.
Adivino una figura,
escurridiza entre la maleza,
que se mueve inquieta por el
miedo a la soledad.
Con el peso del recuerdo
de una condena.
De un naufragio.
Del olvido.
Latiendo apenas queda el corazón
entre las ramas secas de los granados,
que depositan su fruto rojo,
cada solsticio.
Salomé Molto, España



